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Tarde tras tarde

lunes, mayo 22, 2006


Cuando pequeño (a eso de los 8 años) era fanático de los dibujos animados y las teleseries, sí, las teleseries. Para mí eran en su conjunto un grato pasatiempo después del colegio, casi siempre estos minutos que continuamente se transformaban en horas eran acompañados con un infaltable vaso de leche y el pan con margarina en pote.
Era así como tarde tras tarde seguía el mismo protocolo, aunque ya suponía yo por esos días que nada podía ser tan perfectito, en los monitos pasaba lo que yo quería pasara y en la comedia se habia muerto el que yo queria que se muriera. Paralelamente mi hermano estaba viviendo una exploración musical que para esos años yo no la entendía, tarde tras tarde con uno de sus amigos escuchaban lo que yo llamaría tarrerío y ellos algo así como grunge. Tarde tras tarde, los dos arruinaban un poco más mi humilde panorama escuchando esa música que para mí ya era "diabólica" . Así, ya comenzaba a ponerme nervioso. Para ese entonces ya pegaba gritos de alerta hacia los dos "locos" que se albergaban en el living de mi casa escuchando Nirvana, Alice in Chains, Soundgarden, etc. Tras eso, ellos habian adoptado la mala conducta de cortar ramas de ligustrina y golpear con ellas la mesa del comedor al son de la batería, o lo que era más ridículo aún, tomaban las escobas e imitaban los punteos de cada una de las canciones, terminando con un explosivo machaque de las escobas con el suelo y las paredes de mi casa. Esto ya no podía seguir asi, pensaba yo, siendo un niño que con suerte escuchaba los temas más conocidos de bandas como Soda Stereo o Los Tres. El malestar que sentía al escuchar sin querer ese tipo de música iba creciendo día a día, ya habia dejado de ver monos y teleseries, de hecho había crecido en mí otra preocupación, o más bien, una misión. Tarde tras tarde comencé a espiar esta extraña conducta que llevaban a cabo estos dos individuos, para así entenderlos de alguna manera, para no repudiarlos tanto. Poco a poco pasé de observarlos desde mi pieza a desde el pasillo, hasta que llegué a sentarme en primera fila y observar aquel manojo de sensaciones que ya me estaban agradando, el verlos saltar, gritar, golpearse y reírse ya me parecía divertido incluso más que las comedias, incluso más que los monitos. Al principio mi diversión pasaba sólo por el hecho de verlos. No recuerdo cuando moví mi primer dedo al ritmo de aquella música que seguía sin entender, tampoco recuerdo cuando moví por primera vez mis pies, ni tampoco cuando mi cabeza se movió en forma de afirmación por más de 30 segundos. Me empezó a gustar, empecé a sacarle a escondidas los casettes a mi hermano para escucharlos sólo, y mover mi cabeza sin sentir verguenza. Tarde tras tarde las torticolis eran más recurrentes. Tardes tras tarde me apuraba más a ocultar mi gusto por aquella música. Apagaba la radio antes de que llegasen mis padres o mi propio hermano. Lentamente esa música calaba un poco más hondo, lentamente me volvía un loquito de ocho años. Lentamente las ligustrinas quedaban más "peladas", lentamente iba quebrando más escobas, cada vez estaba más cerca de mi hermano. Me agradaba todo eso, aunque según mi mamá no estaba en edad de usar pantalones con hoyos, ni de escuchar música en inglés sin saber que podía significar. TODO PODIA TENER UN MENSAJE SUBLIMINAL. Pero ¿que importaba?, mi cabeza se movía más que nunca y esos días yo era uno de los más rudos de mi curso, mis compañeros no habían visto mis parlantes saltar.

Escenas R

jueves, mayo 18, 2006

El otro día aspiré (neoprén) a tener un agradable día (lluvioso), en el cuál su mano tocara la mía (con gracia) mientras caminábamos por una calle desierta (sin nadie) escuchando música a través de un solo walkman, adaptado eso sí (o sea con un plug que tuviera dos salidas, donde obviamente irían enchufados los dos pares de audífonos (mis amigos me entienden (por eso no me entiende nadie))), para que existiese la posibilidad de que los dos anduviésemos con un par de audífonos technics muy felices por la vida, escuchando cualquier música que nos obligase a estar cada vez más aferrados entre sí (de las manos digo).
Se supone que dentro de mi aspiración (que ya no era de neoprén) también existía la posibilidad de que ya muy aferrados los dos nos deslizácemos (estaba lloviendo, lo cuál crea un ambiente o más bien una superficie ideal para el deslizamiento) a través de las calles y sus amigas las veredas. Caminaríamos por entre un aire húmedo más bien terso (o espeso debería decir) y sin complicidad del viento que seguramente nos trataría de abatir (donde vivo corre mucho viento, es más, vivo en dos lados y es lo mismo en cualquiera) . Sin perder el hilo de nuestra conversación musical, nuestras miradas (cruzadas), risas (a la par) y todo eso (todo eso) trabajaríamos por no tener que llegar a un poste (de luz)y así obviar nuestra separación, lo cuál podría ser principalmente catatrófico (el hecho de que dos audífonos salgan de un sólo walkman puede llegar a ser un verdadero problema), por lo que cada vez que veíamos alguno nos disponíamos a bajar a la calle tratando (lo que es más que obvio) de no ser atropellados. Así, y finalmente, llegaríamos a nuestro destino, el bus (JM (julito martinez)), que tristemente nos separaría por algo así como 5 días. Los technics serían entonces separados, pero cordialmente invitados para otra ocasión.